
No siempre fui capaz de identificar la luz.
Ese destello de color que inunda mi mágico mundo…
Ese mundo del revés que solo comparto en la intimidad más oscura… cuando me enfrento a miradas opacas, eclipsadas por la tragedia que, sin saber por qué, me buscan y me siguen encontrando en el laberinto de versos que marcan la encrucijada de mi vida… No me digas por qué, pero las identifico al instante…
El olor y la sensación de necesidad son parte de mí… como si el juicio final dependiese de una condición tan vital que te ayudaría a subir el siguiente peldaño… tan básico y tan urgente…
Seguir caminando puede resultar titánico cuando la luz eclipsa una mirada…
Me gustaría tocar y suspirar, poder compartir mi mágico mundo, tan loco y tan oscuro como el sol más ardiente… tan claro y puro como el otoño más gris…
Arribaste a mí… sencilla y pausada, enérgica y sutil, frágil y amorosa… Frugal y resiliente, sin necesidad de destacar… poderosa y tan mujer…
Qué suerte la mía,
sentir el destello brillante de esa sonrisa sincera… No es necesario fingir… Siento el olor de las rosas que emanan paz y las sonrisas colmadas de miel y almíbar… Qué suerte la mía…