
Son momentos de debilidad. ¿De qué debilidades? De todas.
Los paisajes cambian y en todas partes aparecen andamios, barreras y escombros, como si la realidad viviera en derrumbes. Mario Benedetti lo vio en el relato Geografías: el mundo cambia de sitio mientras uno intenta evocarlo. Los periódicos, demasiadas veces, se comportan como pusilánimes notarios de lo que desaparece, en lugar de ser garantes de aquello que aún debe mantenerse con vida.
¿Y qué es eso que ha de mantenerse con vida? El descubrimiento y el derecho a transmitirlo.
La literatura fue durante mucho tiempo la verdadera patria del periodismo: el lugar donde el descubrimiento encontraba forma, hondura y una voz capaz de transmitirlo. Pero esa patria se ha convertido también en una suerte de exilio para quienes aún practican el peligroso oficio de mirar, comprender y comunicar. Cuando la comunicación se parece más a ese ámbito de ruina y poder con que García Márquez abre El otoño del patriarca, donde el silencio parece antiguo y las cosas solo se dejan ver bajo una luz decrépita.
El periodismo, por su parte, es paradójico y narcisista. Tiene algo de borgiano: dialoga más consigo mismo que con su idioma y con la mirada universal que ese idioma podría ofrecer. Y más aún cuando hablamos de una lengua compartida por más de 630 millones de hablantes en el mundo, según el Instituto Cervantes. Fíjense la celebración del 50 aniversario del diario El País.
El último informe de Reporteros Sin Fronteras confirma esa fragilidad. España retrocede seis posiciones en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de 2026 y cae hasta el puesto 29, con 75,42 puntos frente a los 77,35 de 2025. RSF atribuye el descenso a un deterioro generalizado de las condiciones para ejercer el periodismo.
El informe señala cuatro problemas principales: precariedad laboral y fragilidad económica de los medios; politización de medios públicos y privados; aumento de acciones judiciales abusivas contra periodistas; y crecimiento del acoso, especialmente digital, contra profesionales de la información.
En América Latina, el panorama tampoco invita al consuelo. RSF subraya retrocesos severos en Argentina, que cae al puesto 98; El Salvador, al 143; México, al 122; Ecuador, al 125; y Perú, al 144. En la parte más baja de la región sitúa a Nicaragua —168—, Cuba —160— y Venezuela —159—.
Como contrapunto, el informe menciona avances o mejoras en Colombia —102—, Uruguay —48— y Guatemala —128—, aunque en este último caso recuerda la persecución continuada de periodistas como José Rubén Zamora.
La pregunta no qué le ocurre al periodismo. Un país no puede sostener la vida si convierte el descubrimiento en sospecha, la crítica en delito y la comunicación en simple gestión de los escombros. Solo luego viene la quema de libros.