
Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994) es probablemente el mejor cuentista en español del siglo XX. El canon no lo metió en los divinos del boom latinoamericano, pero su lectura permite descubrir que era mejor cuentista y ensayista que todos ellos. Solo los relatos de Cortázar podrían acercarse a su orilla. Ribeyro fue un apátrida, sin generación, sin reconocimiento. Su prosa es directa, pero de luz espesa, llena de sutilezas. La fijación en los personajes es trascendente. En tantos de sus relatos hace de París, ciudad en la que trabajó, escribió y mal sobrevivió tanto tiempo, un topos mágico de realismo atemporal, muchos años antes de que García Márquez inventara su Macondo. Un ejemplo:
“Los dos barrenderos franceses de la estación del metro, con sus overoles azules, hablando en argot, gruñendo más bien, acerca de su trabajo. ¿En qué los ha beneficiado la Revolución francesa? Escala ínfima de los ferroviarios. Inútil preguntarles qué opinan sobre la guerra del Vietnam o la fuerza nuclear. Son justamente los tipos que hacen fracasar los sondeos de la opinión pública. ¿Culpa de ellos? ¿Culpa del sistema? Cabe pensar que la Revolución francesa, toda revolución, no soluciona los problemas sociales, sino que los transfiere de un grupo a otro, mejor dicho, se los endosa a otro grupo no siempre minoritario. Este endoso no se produce necesariamente en el momento de la revolución, sino que puede diferirse durante años o decenios. Es cierto que 1789 produjo la burguesía más inteligente del mundo, pero al mismo tiempo miles de charcuteros, de conserjes y de barrenderos de metro.”
En Ribeyro no predomina la forma sobre la función. La economía y la tensión hacen progresar el relato.
“De pronto el cielo de París se cubre, la tarde se oscurece y en el interior de la casa ese espesor de penumbra que sólo he visto en las viejas haciendas de la sierra anegadas por la lluvia. ¡Qué invencible nostalgia al recordar entonces Tulpo, El Tambo, Conocancha, ¡las casonas andinas donde anduve de niño y adolescente! Abrir la puerta al descampado era penetrar al corazón del país y al corazón de la aventura, sin que nada me separara de la realidad, ni la memoria, ni las ideas, ni los libros. Todo era natural, directo, nuevo e inmediato. Ahora, en cambio, no hay puerta que abra que no me aleje de algo y no me hunda más profundamente en mí mismo”.

Hay algo de primitivismo en Ribeyro o desmesura que le conduce al exceso, y que su salud deficiente, más que la determinación de su inteligencia, le forzaba ir sofocando. Por eso resulta un placer poder contar con todos los Cuentos reunidos en un solo volumen, publicado por Alfaguara. De su lectura aparece un mismo autor abriéndose a sus diferentes circunstancias, que siempre fueron la misma. Hay un existencialismo cotidiano donde hurga la literatura para darse forma y expresar la realidad extraña de cada ser convertido en estos relatos en frondosos protagonistas.
La publicación de estos Cuentos reunidos viene después de que en 2023 Seix Barral publicara el magnífico conjunto de ensayos y aforismos, Prosas apátridas. Esto hace justicia al inmenso valor literario de Ribeyro y a su mirada humanista.
Cuentos reunidos. Julio Ramón Ribeyro. Alfaguara, 2024. 928 páginas. 25,55 euros.



