Revista Hincapie
Inicio › En carrusel › Experiencias › Torrente, Simone Weil y la política como máquina de no pensar

Torrente, Simone Weil y la política como máquina de no pensar

Pilar Hernández Urgoitia 25 abril, 2026     Comentarios cerrados    

¿Qué tienen en común Torrente y Simone Weil? Nada, y algo muy concreto: una mirada secundaria, incómoda, sobre la decadente realidad política. Sobre todo, una mirada cargada de pesadumbre hacia la clase política y los partidos de todos los colores.

Escribe Simone Weil —París, 1903; Ashford, 1943— que la idea de partido no estaba en la concepción política francesa de 1789. Era, más bien, un mal que convenía evitar. Al principio, el club de los jacobinos no era más que una asociación de discusión política. ¿Cómo se convirtió en partido? Weil ofrece una respuesta tajante: la presión de la guerra y la guillotina lo transformaron en una organización totalitaria.

El ideal jacobino se extendió con fluidez por Europa: un partido en el poder; el resto, en la cárcel. Weil formula entonces una advertencia decisiva: el mero hecho de que los partidos existan no constituye motivo legítimo para conservarlos. El mal de los partidos salta a la vista. La cuestión, por tanto, es otra: si contienen algún bien capaz de superar ese mal y hacer preferible su existencia.

Hoy este planteamiento es acusado de antipolítica. Pero Weil lo refuta de raíz. Los partidos, se pregunta, ¿contienen algo de bien, aunque sea infinitesimal? La democracia y el poder de la mayoría no son bienes en sí mismos: son medios orientados al bien, eficaces o no. Si la República de Weimar, en lugar de Hitler, hubiera decidido por vías rigurosamente parlamentarias y legales deportar a los judíos a campos de concentración y torturarlos hasta la muerte, esas torturas no habrían adquirido ni un ápice más de legitimidad.

El precepto político de Weil es este: solo lo justo es legítimo. El crimen y la mentira no lo son jamás.

Un partido político, según Weil, es una máquina de fabricar pasión colectiva. Es una organización construida para ejercer presión sobre el pensamiento de quienes la integran. En último término, el fin de un partido político es el propio partido. Por eso los partidos de todo signo acaban careciendo de doctrina verdadera: su doctrina real es su propia conservación.

Weil desvela también la inferencia sobre la que se asienta el poder partidista: se parte del axioma de que la condición necesaria y suficiente para que un partido sirva eficazmente al bien público es que acumule una gran cantidad de poder.

Pero, debido a la ausencia de pensamiento y a la impotencia moral que esa ausencia produce, el partido se ve empujado a una necesidad creciente de poder, incluso cuando ya lo ha obtenido. Así se evidencia, según Weil, la tendencia totalitaria de los partidos.

Sería impensable —y probablemente censurable— que alguien afiliado a un partido declarase: “Cada vez que examine un problema político o social, me comprometo a olvidar por completo que soy miembro de tal grupo y a preocuparme exclusivamente por discernir el bien público y la justicia”. Sus correligionarios lo acusarían de traición, y mucha gente se preguntaría por qué se afilió en primer lugar.

Weil advierte que, a causa del prestigio del poder, las instituciones que controlan la vida pública influyen siempre sobre la totalidad del pensamiento de un país. Ya casi no queda ámbito en el que se piense sin tomar posición “a favor” o “en contra” de una opinión determinada. Primero se toma partido; después se buscan los argumentos. Es la transposición exacta de la adhesión partidista. Tomar partido ha sustituido a la obligación de pensar y debatir.

La película Torrente presidente, de Santiago Segura, hace, con su habitual humor casposo, una disección de la corrompida realidad política española. Es una sátira incómoda, quizá la única producción comercial española reciente que se ha atrevido a mirar de frente esa degradación. Y eso, por sí solo, ya dice algo del estado del cine español.

En la película aparece incluso algún expresidente de templanza y acento gallego, quizá dispuesto a coincidir con aquel célebre “M. R.” en que en política hay que decir siempre la verdad.

Hay un denso aire del pensamiento de Weil en la película de Santiago Segura. Probablemente sea casual. Parte de la izquierda ha tratado de denigrarla por la actitud y la esencia casposa de su protagonista, calificándola de facciosa y machista. Pero esa reacción tal vez confirma el problema: cuesta distinguir entre representar una miseria y celebrarla.

Torrente presidente, por el contrario, alerta de algo que lleva mucho tiempo ocurriendo a nuestro alrededor y que preferimos no ver: la política convertida en espectáculo, el partido convertido en fin, la adhesión sustituida al pensamiento y la verdad sacrificada ante la utilidad.

Simone Weil ya lo vio en 1940 cuando escribió Contra los partidos políticos, publicado ahora por Altamarea en traducción de Aníbal Díaz Gallinal.

Contra los partidos políticos. Simone Weil.
Altamarea, 2024
Traducción de Aníbal Díaz Gallinal
72 páginas
10,90 euros

En carrusel Experiencias

 Entrada anterior

Gonzalo Celorio, premio Asturias por el realismo libertario

–24 abril, 2026

Entrada siguiente 

David Graeber: la alegría radical de imaginar otro mundo posible

–27 abril, 2026

Autor:  Pilar Hernández Urgoitia

Artículos relacionados

César Valdés – 30 julio, 2026 | Comentarios cerrados

Víctor Jara: más de 50 años para encontrar al último condenado

El 16 de septiembre de 1973, cuando Santiago recién se acostumbraba al tronar de los fusiles y los camiones militares,

Pilar Hernández Urgoitia – 25 julio, 2026 | Comentarios cerrados

Lemóniz: cuando el plomo desplazó al uranio

Aurora Arredondo – 20 julio, 2026 | Comentarios cerrados

Tengo miedo torero, de Pedro Lemebel: bolero, deseo y dictadura

Iñigo Elortegi – 14 julio, 2026 | Comentarios cerrados

¿Universidad vasca sin universalidad?

Ziortza Perea – 1 julio, 2026 | Comentarios cerrados

La culpa acaba descomponiendo la furia

Iñigo Elortegi – 27 junio, 2026 | Comentarios cerrados

Carta de Rodolfo Walsh aún abierta

Txefe Martinez Aristín – 24 junio, 2026 | Comentarios cerrados

Paciente, impaciente.

Iñigo Elortegi – 19 junio, 2026 | Comentarios cerrados

Los niños que siguen corriendo

Búsqueda

Hemeroteca

Temática

La libertad se consigue página a página

Banner Hincapié

Banner ONG vasca

Qué es Hincapié

Conectados con el mundo

Colabora con nosotros
Aviso legal
Copyleft © 2016 — 2026 — Revista Hincapié. CC BY‑SA 3.0