La revolución de octubre en Asturias fue un intento de cambio violento en las instituciones políticas, económicas y sociales de la España recién estrenada en el régimen republicano.
Para algunos historiadores, la insurrección asturiana, animada por una convocatoria de huelga general que fracasará en el resto de la nación, señaló un punto y aparte, una auténtica e irreparable cesura en la existencia de la segunda republica española.
En octubre de 1934 se culmina la aproximación de las fuerzas hegemónicas en el campo de la izquierda sindical y política: la CNT y el tándem UGT/PSOE en fase avanzada de radicalización, que con los comunistas firman Alianza Obrera. Pacto que no llegó a estructurarse en el ámbito estatal.
En Madrid no hubo alianza obrera, y la planificación fue precaria. En Cataluña el movimiento quedó monopolizado por el levantamiento de Lluis Companys. En el País Vasco socialistas y comunistas, que preconizaban la revolución social y la
dictadura del proletariado, se aliaron con los nacioalistas que representaban la más intrasingente burguesía. Los unía unícamente el odio a una política que amenazaba las libertades regionales. Bastó poco esfuerzo para reducir la sublevación: los nacionalistas al notar el carácter que tenía en el resto de España depusieron las armas.
Para que esta situación, sucintamente expuesta, brotara como crisálida revolucionaria y como los hechos históricos no nacen por generación espontánea sino que son consecuencia siempre de los hechos anteriores, hay que decir también brevemente, que con la proclamación en 1931 de la República no estaba en modo alguno claro que se estuviera abriendo un proceso revolucionario. La nueva República al principio no cuestionaba el orden social y económico existente.
«Por la calle de Carretas llevaban a un cura en hombros, parecía un torero en tarde de triunfo, que saludaba con la teja y daba unos estentóreos vivas a La República que eran respondidos por vivas al clero republicano y decente».
Camilo José Cela en «Las impresiones de un testigo directo».
Y por lo tanto no respondía a las expectativas de las clases populares una vez más. Aunque en la década de 1920 y durante varios años, se alcanzara en España uno de los índices de crecimiento más elevado del mundo, esto no se traducía en una mejora en las condiciones de los trabajadores y de sus familias. Pero no es el único motivo, en esos años el ambiente estaba impregnado de revoluciones pasadas y de propaganda de una sociedad sin clases. Así que el magma político era una fusión existente que oscilaba entre extremos – fascismo-socialismo-anarquismo – que buscaban destruir la posibilidad de estabilización democrático-burguesa.
Cuando en noviembre de 1933 la CEDA, derecha dura de Gil Robles, gana las elecciones, el presidente de La república Alcalá Zamora no le permite formar gobierno, se lo encarga a Lerroux y su partido de centro-derecha que quedaron segundos. La entrada de tres cedistas en el nuevo gobierno se convierte, en teórica justificación de la insurgencia iniciada por los socialistas, la nueva alianza Obrera y Esquerra.
Pese a que la sublevación estalló en quince proviencias, su único triunfo se registró en Asturias. Unidades del ejército tuvieron que combatir durante más de dos semanas antes de poder sofocar la rebelión.
Manuel Chaves Nogales y Josep Pla – corresponsables de los diarios Ahora y La veu de Catalunya – fueron dos de los primeros periodistas que pudieron entrar en asturias una vez establecido el orden. Desde allí analizaron la crisis política que condujo a los hechos en sus crónicas entreveradas con el relato de la tragedia humana.
El tercero de los Tres periodistas en la revolución de asturias es José Díaz Fernández, escritor y político – fue diputado en las filas de izquierda Republicana, el partido de Manuel Azaña -. Su Octubre rojo es un libro-reportaje dondo «el diálogo se convierte en recurso clave: escuchando la voz vemos no la noticia, sino la persona que está hablando, porque ante ella – un médico, un maquinista improvisado … – tomamos conciencia de lo sucedido». Para la gente interesada hay que decir que la diferencia entre crónica y reportaje está muy bien explicada en el prólogo de Jordi Amat.
Este principio y el epílogo del propio Díaz Fernández a la edición de Octubre rojo en Asturias, nos proporcionan cabal información para hacernos una idea de lo ocurrido en las cuencas mineras de Asturias alzadas contra las autoridades republicanas.
