Revista Hincapie
Inicio › En carrusel › Experiencias › Tu privacidad ha muerto

Tu privacidad ha muerto

Iñigo Elortegi 31 enero, 2019     Comentarios cerrados    

Michael Seemann

Sostiene Michael Seemann que la privacidad en nuestro nuevo mundo digital será imposible. Que por contra, adaptarse a la era del big data sin verla como un Gran Hermano estatal, y hacer públicos cuantos más datos propios mejor, incluso llevar a cabo un big data militante, ayudará a protegernos en un contexto en el que la red se haga más ciudadana y activista. El Estado ha dado paso a un nuevo factotum que tiene ya más poder que él, las plataformas como Facebook, Twitter… Hacerlas más seguras, participando más horizontalmente en ellas, es para Seemann el objetivo político de nuestra era. Esta provocadora tesis y su reformista propuesta están incluídas en el libro publicado por Melusina, Barrena digital. Diez reglas sobre internet tras Snowden.

El desafío más próximo no es solo la desaparición de lo viejo. No debemos preocuparnos, dice Seemann, porque no vaya a haber más música o periodismo. Hasta ahora la pugna no ha versado sobre utópicos o realistas, o apocalípticos e integrados al modo de Umberto Eco, sino sobre realistas y nostálgicos. El nuevo mundo, el nuevo juego que es la red en nuestras vidas ya está cambiando el mundo. Ese cambio es ya una realidad.

La vigilancia estatal es un peligro. Agencias como la NSA, a diferencia del FBI de Hoover, disponen hoy de información de políticos, empresarios, diplomáticos, activistas, y disidentes de todo el mundo. El aparato grandioso de vigilancia es una amenaza para las libertades de todo el globo. La tecnología de espionaje posibilitó al guerra de drones en Sudán, Afganistán, Pakistán, e Irak que ha dejado cientos de miles de víctimas, afectados y muertes. Los refugiados en las fronteras de Europa son también las víctimas de la vigilancia. Y existe una vigilancia interior en los países comunitarios destinada al «enemigo interior». Receptores de ayudas o aspirantes se ven coaccionados a dar sus datos personales y documentar su comportamiento y «esfuerzo social». Pero no conviene dramatizar, según Seemann. Valorar la amenaza de la NSA, Amazon y otras empresas on line sobre la base de cuánto saben de nosotros es una estrategia corta de miras. Las relaciones de poder, indica Seemann, no son en sí mismas el resultado de la vigilancia. La vigilancia es un síntoma de esas relaciones.

Si bien ahora somos conscientes de que puede que Google remita nuestros datos a la NSA norteamericana, la BND alemana, el CNI español o la DGSE francesa, no nos importa enviar información privada a nuestros amigos a través de Google Mail. Seemann pode una analogía: si bien los peatones pueden informar a las autoridades si has aparcado tu vehículo mal, de todas maneras lo haces delante de ellos, pero no delante de un policía. De la misma manera en que distinguimos si es un residente o un policía, podemos distinguir si es Google quien recoge nuestros datos para mostrárselos a un anunciante o a la policía. El poder de castigar a aquellos que no se amolden a las expectativas del observador marca la diferencia entre observación y vigilancia.

Seemann opta por conquistar las plataformas impoerantes en la red. «Deberíamos instar a las plataformas para que nos protejan de los intereses ilegítimos de terceros y de la interceptación de los servicios secretos o incluso de los Estados». Hoy en día hay organizaciones civiles que presionan a gobiernos y operadoras para mantener un internet neutral. «Desde Snowden es ya de conocimiento público que el mundo de la inteligencia es una malla inmensa y cuidadosamente tejida compuesta de tecnología compartida y bases de datos conjuntas que plantan cara abiertemanete a las afirmaciones de poder de los estados nacionales individuales».

El enemigo «no son los Estados Unidos, ni la NSA ni Google, el enemigo está echado en nuestra cama y se parte de la risa pues conoce nuestra intención de acurrucarnos a su lado». Actualmente hay un intento por el poder de crear un Internet europeo renacionalizado e insular, que más adelante pueda ser regulado con controles fronterizos, retención de datos y un cuerpo policial automatizado.

Se entiende que el estado lleve a sus servicios secretos con la correa tan larga, pues la inteligencia es la única herramienta propiedad del estado que puede plantarle cara a internet. Al contrario de los propios estados, los servicios de inteligencia pueden incrementar sus poderes de monitorización y por medio de la colaboración internacional sacar partido de los efectos en red de una manera impensable para las naciones individuales. El Estado está jugando un juego peligroso cuyo desenlace resulta incierto. Desde el punto de vista de la política de internet, concluye Seemann, los intereses del estado contradicen los de la sociedad civil.

El Estado todavía se percibe a sí mismo como el embajador de la sociedad civil. «Es un hecho que aún tenemos una gran dependencia de los poderes tajantes del Estado, a pesar de que sea el Estado el que se ha convertido en el problema. Los Estados nacionales, con sus instituciones y grupos de interés, están inevitablemente sesgados hacia el mundo de la geopolítica, que es precisamente lo que necesita ser trascendido». Estamos en un impasse que se concreta en lo siguiente: «en términos estratégicos, necesitamos hallar el equilibrio entre trabajar con el poder del Estado cuando se requiere mientras promovemos a la vez su resolución».

 

Estrategias

Pese a que a menudo se reib¡cindica el control y regulación de las plataformas, en realidad,para Seemann  lo contrario es lo deseable. El futuro de las plataformas, ya sea que se conviertan en una nueva forma de tiranía o de empoderamiento de la sociedad civil, se decidirá sobre la base del control que les permitimos o esperamos de ellas. Solo si concedemos a estas plataformas el menor control posible sobre el flujo de información, o ninguno en absoluto, serán capaces de convertirse en una infraestructura de verdad en vez de un aparato de poder sin control. Lo que significa que la barrena digital está de nuestro lado y demanda datos abiertos».

En carrusel Experiencias
vigilancia

 Entrada anterior

Brexit para el Sinn Fein

–28 enero, 2019

Entrada siguiente 

Silvia Federeci: » el feminismo global institucional ha causado un gran daño»

–2 febrero, 2019

Autor:  Iñigo Elortegi

Búsqueda

Hemeroteca

Temática

La libertad se consigue página a página

Banner Hincapié

Banner ONG vasca

Qué es Hincapié

Conectados con el mundo

Colabora con nosotros
Aviso legal
Copyleft © 2016 — 2026 — Revista Hincapié. CC BY‑SA 3.0