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Un hereje frente a los clérigos… progresistas

César Valdés 5 junio, 2017     Comentarios cerrados    

Demos por hecho que ciertos sectores intelectuales están recuperando la imagen del cineasta y pensador corsario Pier Paolo Pasolini. Sí, ese Pasolini raro, extravagante, incómodo, radical. Nadie, o a decir verdad todos, comenzamos a gustarnos de verdad cuando compramos rarezas culturales. En la cultura de masas, vivimos mientras compramos esa larga colección de avalorios, sucedáneos y espejos culturales que nos devuelven nuestra imagen tecnológicamente actualizada. Y para un público caviar, progresista, Pasolini puede ser todo un descubrimiento, un reload. O una trampa fatal. Ese canalla convertido en personaje abofetea a su consumidor. Ahora que se lleva la política 2.0 «en clave de transgénero», la figura de un odiado homosexual como Pasolini es un dardo contra los bienpensantes y los tribunos de pasadas y últimas generaciones. Por eso, los editores de Ediciones El Salmón han rescatado una charla – encuentro con el herético Pasolini poco antes de ser asesinado. El debate y las provocativas proposiciones de Pasolini giran en torno a la necesidad de recuperar la lengua vulgar, el dialecto, como refugio de un lenguaje totalmente conquistado por la técnica y el consumismo. Y así se llama este libro que nos permite leer a un Pasolini incisivo, científico, paradójico, extremo, que nos dice: así vivís, así os consumís.

La primera transgesión corsaria de Pasolini es cargar contra esos jóvenes que han ingresado en el mundo neocapitalista sin hacer ningún cálculo, renunciando brutalmente a los valores anteriores. “En apariencia luchando contra ese neocapitalismo, obedecen a pesar suyo a sus sacrílegas exigencias […] hoy la historia se orienta hacia un objetivo único: la industrialización total del planeta […] hacia la creación del reino de la tecnología sobre la tierra”. Este Pasolini herético se está dirigiendo a los jóvenes de mediados de 1969. Pero bien pudiera hacerlo a los jóvenes de la nueva izquierda de hoy en día. Denuncia semejante está considerada herejía por los que Pasolini llamaba los clérigos progresistas.

La edición de vulgar lengua no puede ser más violentamente provocadora. Esa imagen de Pasolini que se pretende recuperar Ahora que cierta intelectualidad caviar recoge el testigo de una cierta recuperación de la imagen – sobre todo eso, la imagen – de Pasolini, que no hizo otra cosa que huir de su propia imagen.

Ni quienes le escuchaban, y aún menos los que le denigraron, ni quienes pretenden recordarlo ahora pueden sentirse cómodos. Porque, aplicando a rajatabla la máxima de Orwell, como vemos en este libro, Pasolini no perdía ocasión de decir a quien le escuchara lo que no quería escuchar. También a los que nos mostramos fuera de los debates de la intelectualidad.

Ese Pasolini perseguido advierte contra el milagro económico italiano de mediados de los 60 que colonizó las conciencias. También dividió al país en dos, un norte imbuido en el consumismo burgués, y otro, el sur, sumido en la pobreza.

“Los mil millones de campesinos bíblicos que aún viven en una condición prehistórica, poco a poco, se extinguirán […] los industrializados, desde nuestra perspectiva resultan ya incognoscibles. Se producirá, se consumará… y el mundo será exactamente tal como hoy la Televisión nos lo describe, con una estupenda y atroz inspiración profética”.

El mundo que Pasolini amaba estaba desapareciendo bajo sus pies. Y como apunta el prologuista y traductor Salvador Cobo, antes un napolitano era un napolitano, un piamontés un piamontés. Incluso su querida Roma ha quedado transformada en algo pequeño burgués, neurótico y mezquino. Sus barriadas vivas han sustituido sus códigos por los del consumismo y la moda impuesta por la cultura de masas, especialmente la televisión.

Es entonces cuando insiste en acusar  de irreligiosidad tanto al ciudadano fascista como al antifascista, a quienes un nuevo fascismo más auténtico y brutal termina homologando.Las virtudes populares campesinas y religiosas, así como la burguesía paleo industrial de origen campesino se extinguen. La sepultan la emigración y el consumismo dirigista, además de un genocidio lingüístico que reduce la capacidad lingüística del campo.

Pier Paolo Pasolini está vivo. Todas y cada de las fallas por las que sobresalen sus agudas críticas son actuales en nuestros días. Existe una cultura que no se quiere aceptar y otra que lleva decenios desapareciendo dentro de nosotros mismos. Y la revolución es una palabra que ha salido de nuestra lengua, aunque estaba presente en nuestra antigua lengua. Es eso lo que nos recuerda sin cesar Pasolini.

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Autor:  César Valdés

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