
A Sara P. G. le ocurre algo fabuloso. Está segura de haber captado dónde la realidad se separa de la luz. La vida en su más acá tiene, dice, unas vibraciones que todos damos por ciertas, pero no lo son. Hoy lleva arrugado en su bolsillo el boleto de la organización nacional de ciegos, número 28465 y serie 019. No necesita el premio, porque ya le tocó hace tiempo el más grande.
Ocurrió cuando su corazón y cerebro se pararon en el quirófano en medio de una operación, qué paradoja, a vida o muerte. A pesar de estar sedada y clínicamente muerta, Sara P.G. se desprendió de su cuerpo en el momento en que el cirujano y las asistentas, además del anestesista, procedían a practicarle una infructuosa reanimación cardiaca. No solo recuerda lo que decían entre ellos, sino que en ese momento fue capaz de ver lo que ocurría en el quirófano contiguo. También vio lo que su hijo y sus padres hacían en la casa de estos, a veintidós kilómetros, en el momento en que ella estaba muriendo. Vio a su marido en la sala de espera enviando mensajes a sus padres. Luego vio muchas más cosas.
Sara P.G. tiene poco que decir. Cree que en el momento de morir su cuerpo fue un coche robado, con ella dentro. Viajó con los ladrones de su cuerpo a la muerte. Se reunió con seres en forma de fuerza figurativa. Sintió una paz y amor inconmensurables, dice. Se resistía a regresar. La convencieron esas energías de seres que ya habían muerto, su tía hacía años, de que aún no era su hora.
El regreso a su cuerpo fue de un dolor terrible, recuerda. Tiene hoy la certeza de lo que le espera “allá”, y quiénes. Da otra importancia en esta vida a cosas que antes la consumían. La atención compasiva y un etéreo y panteísta sentimiento de amor son las velas y el timón de su existencia. Ha perdido el temor a su muerte y a la de los demás, incluidos sus seres más queridos. El testimonio de Sara P.G. coincide con otros que el cirujano Manuel Sans Segarra describe en su libro La Supraconciencia Existe, publicado por Planeta. Sans Segarra ha querido encontrar una justificación cien. tífica a las experiencias cercanas a la muerte de pacientes como Sara P.G. lo que llamaba su atención eran las vívidas descripciones que los pacientes relataban de todo cuanto en realidad ocurría a su alrededor y en lugares alejados mientras en ellos no había actividad del hipotálamo cerebral.

La explicación a la bifurcación de poder estar en dos lugares en el mismo tiempo podría estar en las aportaciones de la física cuántica. Nuestra mente se rige por estas leyes, viene a sostener Sans Segarra. Y Juan Arnau podría añadir que nuestra mente y nuestra conciencia son la mente del universo. Sans Segarra, añade que no somos más que energía colapsada. La aportación de Sans Segarra se asemeja a la que hizo Lucrecio con su conclusión, en el 55 antes de C, de que somos átomos de infinita existencia. Pero la indagación que hace Sans Segarra acerca de la supraconciencia reúne retales filosóficos del hinduismo, el budismo y un cristianismo antiguo. La física cuántica se sumaría a este banquete. De hecho, Sans Segarra asegura que nuestro universo neuronal es cuántico o puede explicarse mediante su física. El nutriente de la conciencia en este universo estaría en el exoesqueleto de nuestras neuronas.
Xavier Melo y Luján Comas reúnen en Vida más allá de la vida (Kairós, 2025) un buen número de experiencias cercanas a la muerte. A renglón seguido de los testimonios, Melo y Comas introducen valoraciones vivenciales y trasformadoras que han tenido quienes han estado en estados de muerte clínica y han regresado. Esta poderosa exposición en primera persona del plural se acompaña por reflexiones de profesionales médicos y científicos.

El trabajo de Melo y Comas podría ser la secuela del de Manuel Sans Segarra. Juntos hacen un todo. Al lector adscrito al materialismo más rocoso, ciertos testimonios pueden resultarle grasos en misticismo cristiano. Sin embargo, se trata más bien de una cuestión metafórica. Lo cierto es que la ciencia y la medicina se han visto obligadas a aceptar las experiencias cercanas a la muerte no como delirios transitorios de pacientes estado de estrés, algo ya descartado científicamente como demuestra Sans Segarra, sino como materia de estudio mucho más profundo. Ambos libros afrontan el miedo a la muerte propia y al dolor de la de seres queridos – igual que en la Roma de Lucrecio cuando este escribió su De Rerum Natura – y ofrecen empírica y teóricamente dar el reverso a ese miedo, al ver la muerte como una continuación de nuestra compleja naturaleza de energía y conciencia. Esto conlleva preguntarse por el sentido que le damos a nuestra vida mientras estamos en ella.
La Supraconciencia existe. Manuel Sans Segarra. Planeta, 2024. 247 páginas. 19,90 euros.
Vida más allá de la vida. Xavier Melo y Luján Comas. Kairós, 2025. 368 páginas. 20,90 euros.



