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Vivir sin dinero (o casi)

Valentine Badiu 25 agosto, 2013     No Comment    

Mucho antes de que la estafa mundial reinante nos obligara a repensar nuestro gasto cotidiano de dinero, algunos como Heidemarie se pararon un día a pensar el por qué del dinero en sí. Por qué acaba midiendo, y al mismo tiempo controlando, la vida de cada cual, cuantificando e intercambiándola en un ficticio mercado de valores. Heidemarie  decidió que cabía experimentar una vida sin dinero, generando redes de intercambio. La suya ¿es una salida a la que llaman crisis actual?

Heidemarie Schwermer ideó un medio de atacar el paro que en 1994 había en su ciudad de Dortmund. Unos tenían demasiado trabajo y otros nada. Pero era sobre todo el dinero – quien lo posee – lo que condicionaba el llamado mercado de trabajo. Heidemarie creó un banco de tiempo – «Da y Toma»-, donde cada cual ofreciese a los demás su saber hacer y recibiera a cambio el saber hacer de los demás. Para su sorpresa, el experimento no atrajo a los desempleados de Dortmund. Muchos consideraron su propuesta pequeño burguesa. Puede que lo fuera. Y esa sólo fue la primera de las muchas zozobras que habría de afrontar su proyecto. Era un cambio cultural de notables dimensiones:  pensar en trabajo sin que medie dinero; considerar viable la solidaridad y el intercambio como alternativa al dinero; y por último, olvidar el dinero como el medidor de la valía de las personas. El arraigo cultural del dinero reacciona ante sus alternativas por muy necesarias que estas sean. Crea miedo y rechazo en dosis proporcionales. Aunque el aprecio al dinero haya llegado al fetiche, desproporcionando la vida cotidiana de las personas.

Vida cotidiana como aventura

El incipiente banco de tiempo creado por Heidemarie tuvo en los jubilados de la ciudad a sus principales integrantes durante los primeros tiempos. Incluso para ellos era difícil aceptar el concepto cooperativo y de interrelación personal que Heidemarie pretendía fuera el motor del banco de tiempo. El dinero puede ser suplantado mediante la confianza entre las personas que se prestan. Los integrantes sólo veían un espacio donde recibir y exigir servicios. A este se añadía el lastre de la dificultad de equiparar prestaciones, solventando los problemas estableciendo cómputos de horas intercambiables.

Con todo, y a pesar de solventar con mucha lentitud los obstáculos, Heidemarie vió la necesidad de ir más allá en su propia relación con el dinero. Con dos hijos a su cargo y una profesión como terapeuta bien retribuída, decidió vivir sin dinero. Gracias a los numerosos contactos que hizo en los dos primeros años de funcionamiento del banco de tiempo «Da y Toma», Heidemarie comezó su nueva vida. «Mi experimento «vivir sin dinero» había encontrado mucho eco en los medios y en la opinión pública. Mi idea daba sus frutos. Tras una conferencia que dí en la universidad popular de Rendsburg, un matrimonio me ofreció cuidar de su casa. Otros le siguieron, me fui convirtiendo en una guarda de primera (…) Cada día recibía llamadas de gente que me ofrecía habitación. A veces aterrizaba en un pueblo donde no conocía a nadie. Intentaba establecer relaciones y transmitir mis ideas sobre los intercambios«.

El cuidado de casas ajenas, sumergió a Heidemarie en un devenir social variado y heterogéneo. «En ocasiones, no sólo me confiaban un animal doméstico, sino también a un miembro de la familia (…) los adultos me confiaban sus más preciados tesoros. Antes sólo había vivido esto con amigos íntimos. Estas viejas amistades son muy importantes para mí, pero, desde que empecé a vivir sin dinero, cayeron  esas barreras que hasta entonces me habían separado «de los extraños».

¿Navegar por Internet en un locutorio; alimento diario en un restaurante ecológico? A cambio de la limpieza, compañía, terapia…

Viajar sin dinero…

Una escena frecuente en su día a día. Heidemarie precisa coger el tren. En pleno andén contacta con una pasajera. «Me senté junto a ella y comencé una conversación que nos iba introduciendo en el tema, aunque de momento sin hacer referencia a mi caso particular. Entonces pregunté, de una forma ya directa: «¿Viaja usted también con el ticket de fin de semana?», «¿Me llevaría usted consigo?». Para librarme de esa sensación de estar mendigando le conté apresudaramente mi experimento. Me escuchó muy atenta y pareció dispuesta a establecer relaciones con un extraño. Cuando se bajó, en la estación anterior a la mía, incluso me regaló su billete. De este modo me aseguré poder continuar el viaje hasta Baviera. En adelante he vivido muchas situaciones parecidas. Estaba agradecida por mis experiencias, porque en ellas veía una chance, una oportunidad de terminar con la desconfianza y abrirnos los unos a los otros».

… o con poco

La experiencia permite saber que es posible sustraerse cotidianamente «a la histeria pecunaria colectiva», y alcanzar  «un estado en el que el dinero y los bienes dejaron de ser esenciales«. Una vez que el dinero ha dejado de ser esencial, cabe que este recobre su posible utilidad.

ilustración: Jon Bilbao.

«Siempre quise abrir una caja de ahorros para personas en apuros, para situaciones en los que con una moneda complementaria no es suficiente. Sigo perfilando esta idea en mi interior. Lentamente me fui acostumbrando nuevamente a manejar el dinero corriente (poco) y cuando me ofrecieron escribir un libro, y aceptar honorarios por ello, de repente la caja de emergencia se encontraba al alcance de mi mano. Durante 4 años viví de manera consecuente, sin un solo céntimo, obteniéndolo todo por mecanismo de contraprestación. Actualmente acepto algunas sumas de la caja recién inaugurada».

Qué balance hacer de la experiencia de Heidemarie? «Mi calidad de vida es mejor que nunca. Mi alimentación es mejor que antes, no me faltan ni el pan ni la verdura. He llegado a tener tanta ropa que incluso puedo regalarla. Cuando quiero ir a la peluquería, puedo elegir entre varias amigas. Gracias a la caja de emergencia, gozo de mayor libertad de elección. Mi experimento me ha demostrado que puedo hacer muchas cosas si lo deseo realmente. Lo que más satisfacción me produce son la infinidad de cosas prácticas que estoy en disposición de hacer en distintos lugares y con personas diferentes. Todo es posible pero no inmediatamente posible».

Pagar impuestos sin dinero

Heidemarie medita que el Estado de bienestar se sustenta en el dinero.  Cada persona tributa, y de sus tributos sale la cantidad de dinero necesaria para los servicios sociales. De acuerdo. O quizá no tanto. «Hay demasiados ámbitos regulados. Se pierden muchas energías valiosas por culpa de ello. Quiero hacer algo. Quiero pagar impuestos pero sin necesidad de usar dinero. En lugar de eso mi intención es pagar con contraprestaciones las cosas que el Estado «me proporciona», hacer cosas bajo mi propia responsabilidad que sean útiles al Estado. Algo que esté en consonancia con mi formación: infundir ánimo a personas que atraviesan situaciones difíciles, indicarles posibilidades, y de ese modo, crear las bases para una convivencia vecinal».

Esa fue la propuesta que Heidemarie hizo al alcalde de Dortmund y que éste deshoyó. Sin embargo su validez puede abrirse paso en nuestros días. Con cada vez más personas sin acceso a él, dinero sería un obstáculo para salir de «la crisis». El fetiche sobre el que se fundamenta el éxito o fracaso de los ciudadanos tiene los pies de papel.

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Todas las citas están extraídas del libro de Heidimarie, Mi vida sin dinero, Editorial Gedisa.

 

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Autor:  Valentine Badiu

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